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Escrito por Juan Pablo II   

 

Juan Pablo II en Lourdes (resumen de sus palabras)

 

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Juan Pablo II en Lourdes. Agosto de 2004.

Resumen de sus intervenciones elaborado por Foroedu

 

Aniversario del Dogma Inmaculada Concepción (150 años)
Bendigo al Señor que me permite volver una vez más a esta querida tierra de Francia y dirigiros a todos mis auspicios de gracia y de paz. La razón de mi visita es la celebración del 150 aniversario de la definición del dogma del a Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María.

 

Vengo como peregrino ante la Virgen
Junto a vosotros, queridos hermanos y hermanas, vengo como peregrino ante la Virgen; hago mías vuestras oraciones y vuestras esperanzas; comparto con vosotros este momento de la vida marcado por el sufrimiento físico, pero no por ello menos fecundo en el designio admirable de Dios. Con vosotros, rezo por los que son confiados a nuestra oración.

 

Confianza en el sacrificio de los que sufren
En mi ministerio apostólico, siempre he tenido una gran confianza en la ofrenda, en la oración y en el sacrificio de los que sufren. Os pido que me acompañéis en esta peregrinación para presentar a Dios, por intercesión de la Virgen María, todas las intenciones de la Iglesia y del mundo.

El Papa cerca de los enfermos
Queridos hermanos y hermanas enfermos, quisiera abrazaros, uno tras otro, con cariño, y deciros que estoy muy cerca de vosotros y que soy solidario. Lo hago espiritualmente, confiándoos al amor maternal de la Madre del Señor y pidiéndole que os alcance las bendiciones y el consuelo de su Hijo, Jesús.

Invitación a rezar el Rosario

Aquí, la Virgen invitó a Bernadette a rezar el Rosario, desgranando ella misma un Rosario. De este modo, esta gruta se ha convertido en la sede de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo.

El que me siga no caminará en la oscuridad
Peregrinos a Lourdes, también nosotros queremos esta tarde, al rezar con la Virgen, recorrer de nuevo los «misterios» en los que Jesús se manifiesta como «luz del mundo». Acordémonos de su promesa: «el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8, 12).

Aprender de la Virgen la disponibilidad y compromiso generoso

Queremos aprender de la humilde sierva del Señor la disponibilidad dócil a la escucha y el compromiso generoso para acoger en nuestra vida las enseñanzas de Cristo.

Rezar por las vocaciones para que los llamados sepan responder

En particular, al meditar en la participación de la Madre del Señor en la misión redentora de su Hijo, os invito a rezar por las vocaciones al sacerdocio y a la virginidad por el Reino de Dios para que aquellos que son llamados sepan responder con disponibilidad y perseverancia.

Dadme un corazón que arda totalmente por Jesús

Con la mirada puesta en la Santa Virgen María, digamos junto a Bernadette : «Mi buena Madre, tened piedad de mi; me entrego totalmente a vos para que me deis a vuestro querido Hijo, a quien quiero amar de todo corazón. Mi buena Madre, dadme un corazón que arda totalmente por Jesús».

Intención particular: que la Virgen obtenga el don de la paz

Os confío, hermanos y hermanas, una intención particular para la oración de esta noche: invocad conmigo a la Virgen María para que obtenga del mundo el don tan esperado de la paz. ¡Que suscite en nosotros sentimientos de perdón y de fraternidad! ¡Que se depongan las armas y que se apague el odio y la violencia en nuestros corazones!

No ver enemigos sino hermanos

Que todos los hombres no vean en el otro a un enemigo al que hay que combatir, sino a un hermano al que hay que acoger y amar para construir juntos un mundo mejor.

Inmaculada Concepción

«Que soy era Immaculada Councepciou». Las palabras que dirigió María a Bernadette el 25 de marzo de 1858 resuenan con una intensidad particular en este año en el que la Iglesia celebra el 150 aniversario de la definición solemne del dogma proclamado por el beato Pío IX en la Constitución apostólica «Ineffabilis Deus».

La Inmaculada, signo de amor del Padre

La concepción inmaculada de María es el signo del amor gratuito del Padre, la expresión perfecta de la redención cumplida por el Hijo, el punto de partida de una vida totalmente disponible a la acción del Espíritu.

Ejemplo de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel

«En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa...» (Lucas 1, 39). Las palabras de la narración evangélica nos permiten percibir con los ojos del corazón a la joven muchacha de Nazaret en camino hacia la «ciudad de Judá» en la que vivía su prima para ofrecerle sus servicios. Lo que nos impresiona ante todo de María es su atención llena de ternura hacia su pariente mayor. Es un amor concreto que no se queda en palabras de comprensión, sino que se compromete personalmente en una auténtica asistencia.

 

La Virgen se da ella misma

La Virgen no le da simplemente a su prima algo que le pertenece; se da ella misma, sin pedir nada a cambio. Ha comprendido perfectamente que, más que un privilegio, el don recibido de Dios es un deber, que compromete al servicio de los demás con la gratuidad que es propia del amor.

El Magníficat: los sentimientos de María
«Engrandece mi alma al Señor...» (Lucas 1, 46). Durante su encuentro con Isabel, los sentimientos de María se reflejan con fuerza en el cántico del «Magnificat». Sus labios expresan la expectativa llena de esperanza de «los pobres del Señor» así como la conciencia del cumplimiento de las promesas, pues Dios «se acordó de su misericordia» (Cf. Lucas 1, 54).

Alegría de la Virgen

De esta conciencia surge precisamente la alegría de la Virgen María, que se refleja en todo el cántico: alegría de saber que Dios «ha puesto los ojos» en su «humildad» (Cf. Lucas 1, 48); alegría a causa del «servicio» que puede realizar, gracias a las «maravillas» a las que le ha llamado el Todopoderoso (Cf. Lucas 1, 49); alegría por experimentar con antelación las bienaventuranzas escatológicas, reservadas a los «humildes» y a los «hambrientos» (Cf. Lucas 1, 52-53).

Necesidad del silencio: el bien no hace ruido, servicio cotidiano

Tras el «Magnificat» viene el silencio; no se dice nada de los tres meses de presencia de María junto a su prima Isabel. O quizá se nos dice lo más importante: el bien no hace ruido, la fuerza del amor se expresa en la tranquila discreción del servicio cotidiano.

María, modelo en nuestro camino, camino no fácil, el mal no vencerá

Con sus palabras y con su silencio, la Virgen María se nos presenta como un modelo en nuestro camino. Es un camino que no es fácil: por la falta de sus primeros padres, la humanidad lleva en sí la herida del pecado, cuyas consecuencias siguen experimentando los redimidos. ¡Pero el mal y la muerte no tendrán la última palabra! María lo confirma con toda su existencia, en cuanto testigo viviente de la victoria de Cristo, nuestra Pascua.

La Virgen nos habla ahora: ¡Escuchémosla!

¡Queridos hermanos y hermanas! De la Gruta de Massabielle, la Virgen Inmaculada nos habla también a nosotros, cristianos del tercer milenio. ¡Escuchémosla!

Jóvenes, escuchadla. En Ella el sentido de vuestra vida

Escuchadla, ante todo, vosotros, jóvenes, que buscáis una respuesta capaz de dar sentido a vuestra vida. Podéis encontrarla aquí. Es una respuesta exigente, pero es la única respuesta válida. En ella se encuentra el secreto de la auténtica alegría y de la paz.

Llamamiento a las mujeres: os corresponde ser centinelas del Invisible

Desde esta gruta os lanzo un llamamiento especial a vosotras, las mujeres. Al aparecerse en la gruta, María confió un mensaje a una muchacha, subrayando la misión particular que corresponde a la mujer, en nuestra época que siente la tentación del materialismo y la secularización: ser testigo en la sociedad actual de los valores esenciales que sólo se pueden percibir con los ojos del corazón. ¡A vosotras, mujeres, os corresponde ser centinelas del Invisible!

 

Llamamiento apremiante a las mujeres para respetar el don de la vida

A todos vosotros, hermanas y hermanos, os lanzo un apremiante llamamiento para que hagáis todo lo que podáis para que la vida, toda vida, sea respetada desde la concepción hasta su término natural. La vida es un don sagrado del que nadie puede apropiarse.

Sed hombres y mujeres libres: Defended vuestra libertad!

Por último, la Virgen de Lourdes tiene un mensaje para todos, es éste: ¡sed mujeres y hombres libres! Pero recordad: la libertad humana es una libertad marcada por el pecado. También tiene necesidad de ser liberada. Cristo es el liberador, él que «nos ha liberado para que seamos verdaderamente libres» (Gálatas 5, 1). ¡Defended vuestra libertad!

Saludo especial para los jóvenes, sois para mí signo de esperanza
Saludo en especial a los jóvenes que están aquí, en Lourdes, (…) recuerdo con emoción los encuentros que he tenido en Francia con los jóvenes: el primero en París, después en Lyón, en Estrasburgo, y por último de nuevo en París con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Estos encuentros han sido para mí el signo de una gran esperanza, que hoy quiero compartir con vosotros, queridos jóvenes amigos.

 

Jóvenes: poneos en la escuela de Marfía, llevad optimismo al mundo

Poneos en la escuela de María y llevaréis al mundo un aliento de optimismo, anunciando a todos la «bella nueva» del Reino de Cristo.

Renunciar al orgullo, hacerse humildes

Sí, el cristianismo es manantial de vida y María es la primera guardiana de este manantial. Ella la muestra a todos, pidiéndoles que renuncien al orgullo, que se hagan humildes, para recurrir a la misericordia de su hijo y participar de este modo en la venida de la civilización del amor.

 

 
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