| Gracias a este Dios |
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| Escrito por Blanca Torquemada | |
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GRACIAS A ESTE DIOS
No puede ser un mero azar geopolítico que el género humano (igual los niños que los ciegos, los catedráticos de instituto, los enfermos de sida, los viejos, las lesbianas, los tertulianos, los adolescentes e incluso las ministras de cuota) disfrute de los mayores índices de respeto a sus derechos básicos precisamente en aquellos países en los que se profesa de forma mayoritaria la fe de Cristo, sea en su vertiente católica, protestante o incluso ortodoxa allí donde no ha actuado la apisonadora comunista. Ahora que es costumbre debatir ad nauseam sobre el «humanismo cristiano», muchos compartimos que ambos términos tienen algo de redundancia o pleonasmo, y que, si es bien cierto que el primero de estos vocablos cuadra a todos y el segundo sólo tiene un acomodo íntimo, supone una injusticia histórica (y un peligro) arrumbar en el mismo cajón de las vergüenzas un velo y un crucifijo. Los italianos han latido al unísono con las dos Simonas (qué pena nuestra arritmia, encarnada en esa mezquina Comisión del 11-M) y el Papa ha transmitido ahora a todos con calidez y alivio: «¡Gracias a Dios!». Eso sí, gracias a este Dios. |
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