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Gracias a este Dios Imprimir E-Mail
Escrito por Blanca Torquemada   

 

GRACIAS A ESTE DIOS
Por Blanca TORQUEMADA/
ABC 6 octubre 2004 

 


IRRADIAN serenidad las dos Simonas en presencia del Papa, como si en este desenlace emotivo de la Santa Sede su nombre, o el cuadrado de su nombre, tan repetido estos días, cerrara una evocación concéntrica: precisamente Pedro se llamó antes Simón y sobre esa piedra se levantó la Iglesia. Torretta y Pari, acompañadas por sus familiares y realzadas en la sencillez protocolaria de sus vestidos negros, escucharon con recogimiento las palabras de Juan Pablo II («Gracias a Dios estáis vivas»), después de la angustia acuciante de su cautiverio en Irak, pues la esperanza cumplida de su liberación, en lo que tiene de anhelo compartido por tantos millones de personas, refuerza el mensaje del Evangelio. Por mucho que la cuestión del pago del rescate quede sometida a consideraciones de otro orden.

No puede ser un mero azar geopolítico que el género humano (igual los niños que los ciegos, los catedráticos de instituto, los enfermos de sida, los viejos, las lesbianas, los tertulianos, los adolescentes e incluso las ministras de cuota) disfrute de los mayores índices de respeto a sus derechos básicos precisamente en aquellos países en los que se profesa de forma mayoritaria la fe de Cristo, sea en su vertiente católica, protestante o incluso ortodoxa allí donde no ha actuado la apisonadora comunista. Ahora que es costumbre debatir ad nauseam sobre el «humanismo cristiano», muchos compartimos que ambos términos tienen algo de redundancia o pleonasmo, y que, si es bien cierto que el primero de estos vocablos cuadra a todos y el segundo sólo tiene un acomodo íntimo, supone una injusticia histórica (y un peligro) arrumbar en el mismo cajón de las vergüenzas un velo y un crucifijo. Los italianos han latido al unísono con las dos Simonas (qué pena nuestra arritmia, encarnada en esa mezquina Comisión del 11-M) y el Papa ha transmitido ahora a todos con calidez y alivio: «¡Gracias a Dios!». Eso sí, gracias a este Dios.

 
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