| El matrimonio: sinónimo de garantía |
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| Escrito por Juan Meseguer Velasco | |
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El matrimonio: sinónimo de garantía Administrador Foroedu.- 9 octubre 2004
En España, las parejas prefieren casarse en vez de convivir al margen del Derecho. A pesar de que existen las condiciones culturales para el cambio, muchos siguen eligiendo el matrimonio como forma de iniciar la convivencia. Otros acuden al matrimonio, una vez iniciada la convivencia, para proteger la relación por medio del compromiso matrimonial. Según los expertos, esta tendencia en las parejas de hecho se fortalece con la llegada de hijos comúnes o con las primeras inversiones serias en el proyecto de vida en común. Frente a quienes opinan que el matrimonio es una institución trasnochada, las estadísticas muestran lo contrario. De acuerdo con los datos del censo de 2001 difundidos en agosto de 2004 por el Instituto Nacional de Estadísticas, el matrimonio es la forma de vida en común más frecuente en España (de los 9'5 millones de parejas, 8'9 millones están casadas). Sólo entre los 15 y los 19 años, la unión de hecho es preferida al matrimonio (y aún en este caso, el número de parejas de hecho es muy reducido). Pero a partir de los 20 años, el matrimonio se consolida en todos los tramos de edad como la forma preferida de convivencia. A juicio de Gerardo Meil Landwerlin (Las parejas de hecho en España, CIS, Madrid, 2003), la elección por las uniones de hecho como forma de inicio de la convivencia depende de distintos factores. “La probabilidad de iniciar un proyecto de vida en común mediante una unión de hecho está asociada a la ausencia de un proyecto familiar inmediato y a la no tenencia de la vivienda común en propiedad así como a la tenencia de un proyecto profesional propio por parte de las mujeres”. Junto a estos factores hay otros de muy variada índole, tales como la concepción del matrimonio como algo pasado de moda; la falta de compromiso religioso; la menor edad de los miembros de la pareja, o la experiencia familiar de ruptura. Por el contrario, dice Meil, la tendencia a elegir el matrimonio como fórmula de inicio del proyecto de vida común está relacionada con la búsqueda de seguridad para las inversiones económicas y sociales que se hacen en dicho proyecto, y con la tenencia de un proyecto familiar inmediato. Son precisamente estas razones las que, con el paso del tiempo, hacen que muchas parejas de hecho quieran formalizar su unión a través del matrimonio. La unión de hecho, ¿un matrimonio a prueba? En su estudio sobre las parejas de hecho, Meil se pregunta por la trayectoria de este tipo de uniones a lo largo de los años. “La gran mayoría de las uniones terminan rompiéndose u oficializando la situación a través del matrimonio, siendo relativamente pocas las que no cambian de estatus pasado un tiempo”. De acuerdo con los datos del CIS y de la Encuesta de fecundidad y familia (FFS/ONU), noviembre 1994/1995, “al cabo de un año, ya un tercio de quienes iniciaron su proyecto de vida en común mediante una unión de hecho se habían casado o separado y al cabo de dos años casi la mitad se había decantado en una dirección u otra. De hecho la mediana de duración es de 28,6 meses, es decir, que al cabo de 2 años y medio la mitad de los entrevistados ya se habían casado o separado. La proporción de uniones de hecho que duran más de 10 años sin transformarse en alguna dirección es muy baja”. Normalmente, los factores que llevan a los miembros de una pareja de hecho a formalizar su unión a través del matrimonio son los mismos que llevan a una pareja a iniciar su proyecto de vida en común en el matrimonio: la voluntad de formar una familia y la necesidad de asegurar las inversiones en el proyecto de vida en común. “Estos factores, añade Meil, actúan al mismo tiempo como frenos a la ruptura, dados los mayores costes que ello implica para sus protagonistas”. De esos dos factores, es el primero el que sin duda tiene una mayor influencia en los miembros de la pareja. “La razón de probabilidades a favor del matrimonio cuando hay hijos comunes es seis veces superior a cuando no los hay en la encuesta a mujeres y cinco veces mayor en la encuesta a los varones, valores muy superiores a los que presenta el régimen de tenencia de la vivienda”. En líneas generales, puede afirmarse que las generaciones mayores tienden a formalizar la unión a través del matrimonio. Para estas generaciones, la cohabitación se concibe como una especie de matrimonio a prueba, donde la decisión de pasar por la iglesia o por el juzgado se condiciona a que la relación funcione. Al mismo tiempo, la tenencia de hijos comúnes lleva a querer garantizar la relación por medio de la institución del matrimonio. Por el contrario, como apunta Meil, parece que la tendencia entre las generaciones jóvenes es a utilizar las uniones de hecho más como alternativas al matrimonio que como matrimonio a prueba. Ahora bien: esta afirmación debe ser matizada porque todavía falta perspectiva para sacar conclusiones. “En realidad la tipificación de las uniones de hecho en las categorías “matrimonio a prueba” o “alternativa al matrimonio” no es exhaustiva (...) pues la interpretación como alternativa al matrimonio sólo puede hacerse después de disuelta (por muerte o separación) la unión sin contraer matrimonio, pero no mientras subsista la convivencia, pues puede oficializarse en cualquier momento del futuro. En este sentido lo que tiende a darse es una permanencia más prolongada en el tiempo en el marco de la unión de hecho”.
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