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Los Chicos del Coro La Educación en la primera Infancia
Ésta fue la primera película que vi de las dos. Por varios motivos: porque la crítica la había alabado mucho más que a El Mensajero del Miedo; porque, como realizador de cortometrajes el género dramático es mi preferido; y porque actualmente me encuentro muy ligado a la infancia, ya que soy educador en un centro juvenil de apoyo a colegios para el tiempo libre de sus alumnos.
La película me pareció bastante digna y honesta. No es excesivamente original –más bien nada original- en el argumento, pero el enfoque es, como en otros filmes –no muchos- muy positivo. Tiene ese optimismo vital actualmente muy vilipendiado por la crítica y por muchos creadores, instaurando la proliferación de representaciones sombrías y agrias de la realidad. Al pensar en lo que me comentó sobre la plasmación de los valores de la Ilustración, se me vinieron a la mente, de manera directa, los valores de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, nunca mejor traídos a colación que al hablar de una obra francesa. El personaje de Clément Mathieu aparece como un abanderado cándido de los citados valores ilustrados, a modo de una Libertad guiando al pueblo cinematográfica. La situación en el internado es claramente de falta de libertad. El director Rachin es la representación de esa carencia. El criterio de acción-reacción es la base de su sistema de educación, y no deja ninguna salida para la compasión, la comprensión o el arrepentimiento. Es ahí donde Mathieu empieza a oponerse al director: sus métodos le fastidian. ¿Cómo se plantea el nuevo vigilante hacer crecer la libertad en ese centro en el que, por naturaleza, la independencia se intenta reprimir? Para cualquiera de nosotros, abordar una realidad tan extensa, ambigua y abstracta como la libertad, es inalcanzable si no se aplican métodos más concretos. La mejor arma de Mathieu para la forja de la libertad es el cariño. El vigilante se enfrenta desde un principio a la ferocidad de los chavales. Pero eso no lo hace imputarles una culpabilidad total por la gravedad de sus actos. Sabe que no es culpa de esos pobre niños la educación que han recibido y las circunstancias que les ha tocado vivir. Los ejemplos de comprensión y afectos son continuos, y sorprenden a los alumnos y también al espectador. (Esto último es más difícil, porque el espectador tiene mucha más experiencia en el campo de los profesores-liberadores.) Ampara al que le quita la bolsa nada más entrar en la clase, ante la acusación del director; no los castiga por las bromas típicas de la infancia; promueve aquellos divertimentos sanos que les pueden parecer ajenos a la enseñanza propia del momento… Este cariño es por tanto un darse a los demás, un hacer el tonto para que los demás disfruten. Mathieu abre su alma a sus alumnos. Les confía sus gustos, no oculta sus sentimientos y les hace partícipes, de ese modo, de su vida interior. Y eso es lo que le falta al director Rachin. En ningún momento se le pasa por la cabeza entablar amistad con sus alumnos. Son para él un trampolín para sus ambiciones y egoísmos. Desde el punto de vista de los chavales, se podría afirmar que ellos no quieren superiores, reyes absolutos en la figura de sus profesores. Los niños son capaces de hacerse amigos de sus maestros y educadores y eso es precisamente lo que elabora Mathieu: una amistad con cada uno de ellos. Y al ser con cada uno, entra ahí en juego el valor de la Igualdad. No es una igualdad con el rasero que más tarde impondría la filosofía comunistas, en la que todos somos iguales pero tirando por abajo; sino que se hace compañero de todos, comprendiendo a todos con sus defectos y virtudes, perdonando, corrigiendo con cariño… En este caso son éstos los valores concretos que hacen posible llevar a cabo el valor ilustrado de la igualdad. Aquí me gustaría hacer una mención a los valores cristianos. Todo el avance que se dio en los siglos XVIII y XIX gracias a los pensadores ilustrados se basó en gran parte en los que venía de detrás, esto es, toda la cultura cristiana. Pienso que todos esos valores más concretos de los que he hablado antes son de raigambre cristiana. Así paso a hablar de la Fraternidad, propiamente predicada por Jesús de Nazaret y aplicada de un modo más laico por los ilustrados. Quizás en este caso, la fraternidad está muy enlazada con la igualdad. Puesto que Mathieu fragua la igualdad a través de la puesta en práctica de la fraternidad. Aunque pueda parecer extraño, o que lo de os valores cristianos me lo saco de la manga, creo, sin embargo que Christophe Barratier, Jaques Perrín y Bruno Coulais (director, productor y músico, respectivamente), habituales colaboradores, no han puesto al azar un Kyrie Eleison como principal pieza musical del film. ¿Es quizás una alusión a lo que está detrás de todo? ¿O solamente casualidad? Es agradable, al menos, comprobar que fuera de este país hay creadores sin escrúpulos sin pusilánimes prejuicios religiosos.
El realismo de los personajes Creo que la mayor fuerza de la película es el realismo de los comportamientos de los personajes y sus respectivas evoluciones. Las conductas de los niños son representativas de la infancia en esos momentos que intenta reflejar el filme. Unos chicos están comenzando su andadura en el mundo, como Pépinot o Boniface; mientras que otros se encuentran en plena pubertad, como el solista Morhange, con cara de angelito pero un demonio. Esa actitud esconden un corazón sensible, reprimido por la poca aceptación entre los niños hay de la bondad. Dos personajes me gustaron especialmente en este campo de los cambios comportamentales: el del director y el del chico que viene del reformatorio. El primero parece comenzar una cierta evolución hacia la comprensión de los chavales, pero se ve pausada por el incendio del colegio, que hace frenar su escalada personal de poder. El segundo es una triste realidad que existe en la educación de los niños: hay algunos que no responden positivamente y que quizá nunca cambiarán, debido a la enorme cantidad de odio –en este caso- que hay ya en el corazón del joven. Son, por tanto, dos proyectos de cambio fracasados. Realismo: no todo es de color de rosa en esta vida (aunque sí hay bastantes cosas que son de ese color). |