| Homosexualidad: Yo Tenía Razón |
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Homosexualidad: yo tenía razón Por Jorge TRIAS SAGNIER/ ABC, 25 abril 2005
Perdonen la inmodestia por el título de esta columna, pero en la VI legislatura (1996-2000) yo era diputado del Partido Popular y portavoz de esa formación en la Comisión Constitucional y propuse una medida legislativa para paliar las situaciones injustas que se producían en determinadas uniones de hecho, homo o heterosexuales. Recuerdo que, entre otros, utilicé el antecedente legislativo del derecho francés y concretamente la propuesta socialista del denominado «Contrato de Unión Civil». Recabé la opinión de todos los grupos militantes y hablé con muchas personas que vivían en esa situación. Llegamos a la conclusión, apoyada sin reservas por Aznar y por todo el grupo popular, a excepción de la inefable Villalobos, de que esa era una buena solución. Socialistas y comunistas -la Esquerra prácticamente no existía entonces- se opusieron por motivos políticos. Exactamente igual que los grupos militantes de homosexuales. Por nada más. Lo de los derechos, y el intento de remediar situaciones injustas y discriminatorias, les importaba muy poco. Mejor dicho: les importaba un bledo. De lo que se trataba era de visualizar que los populares éramos «homófobos» y el proyecto, una solución liberal y aceptable para toda la sociedad, creyente y no creyente, naufragó. Cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta -yo ya no era diputado- cometió el error de aparcar la cuestión. Y ahora los socialistas han perpetrado este solemne disparate jurídico, moral y social. Diga lo que diga la vicepresidenta, los cristianos, cualquiera que sea su confesión, y los judíos, si son creyentes, no sólo pueden sino que deben negarse a celebrar este tipo de bodas esperpénticas por motivos de conciencia. En el caso de los católicos esa negativa es obligada y viene determinada por la Nota Doctrinal sobre las cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública firmada por el entonces cardenal Ratzinger y aprobada por Juan Pablo II el 24 de noviembre de 2002. Los católicos socialistas deberían repasar esa Nota. |
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