Menu Content/Inhalt
Inicio arrow Artículos arrow Prensa arrow La adopción por parejas homosexuales
La adopción por parejas homosexuales Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   

 

Image

La adopción por parejas homosexuales
(Por: Luis Riesgo, Alfa y Omega, España, 2004-02-28)

 

Puesto que el fin de la adopción no es tanto dar un hijo a unos padres que no lo tienen, como dar unos padres idóneos a un niño que carece de ellos, tratemos de respondernos a esta cuestión: ¿es conveniente para un niño o una niña tener por padres a una pareja de homosexuales?

Supongamos que se aprueba una ley que permita la adopción por las parejas homosexuales y entremos con nuestra imaginación en uno de esos hogares. Lo primero que observaremos es que los niños, al ir creciendo, descubren que su familia no es como la de los demás; que sus amiguitos y amiguitas tienen un padre varón y una madre mujer, mientras que ellos tienen por padres a dos personas del mismo sexo… ¿Nos imaginamos su desconcierto? Por otra parte, si es un niño adoptado por dos lesbianas, desconocerá el modelo de varón que le hubiera ayudado a ir formando su personalidad.

Y si es una niña adoptada por dos gays no podrá recibir de éstos –son hombres– la imagen femenina que precisaría para su correcta evolución como mujer. Pero hay más: ¿quién nos asegura que ese niño o esa niña no van a ser educados con las mismas inclinaciones de sus padres? Y aunque así no fuera, ¿qué ejemplo les ofrecen? Ese ejemplo, tan importante para la educación, que hacía decir a Jaurés: «No se enseña lo que se sabe ni se enseña lo que se dice: se enseña lo que se hace…» Y lo que se hace, lo que hacen sus padres, es vida matrimonial entre dos personas del mismo sexo. Unamos a lo anterior que una ley que permitiera esa adopción supondría:

  • Un daño para tantos cónyuges que sueñan con dar un hogar normal –el suyo– a un niño o una niña que carecen de él. De cada cien matrimonios españoles, quince, más o menos, no pueden tener hijos y desearían adoptar, pero las posibilidades de hacerlo se verían disminuidas por una ley que permitiera que los niños candidatos a la adopción les fueran entregados –pese a los perjuicios antes dichos– a las parejas de homosexuales.

  • Un daño para todos los ciudadanos, que verían cómo se retraían de sus impuestos las cantidades que habría que dar a las parejas de homosexuales, las cuales, al tener hijos gracias a esa ley, reclamarían inmediatamente, como padres y como esposos, pensiones de viudedad, atención sanitaria al cónyuge, declaración del IRPF conjunta…

  • Un daño para la sociedad, imperiosamente necesitada de niños. Con 1,07 hijos por mujer, España es el país con el índice de natalidad más bajo del mundo, índice que esa ley, favoreciendo a los colectivos homosexuales, contribuiría a que descendiera todavía más.

    Con ocasión del Año Internacional de la Familia, se celebró en Madrid, en 1994, un Congreso sobre La evaluación del papel de los niños en la vida humana familiar. Participaron en los debates niños y niñas de diferentes edades, razas y países. Pues bien: fue muy significativa la respuesta que dieron a la pregunta que se les hizo sobre si, en caso de haber sido adoptados, hubieran preferido que sus padres fuesen dos personas del mismo sexo o un hombre y una mujer. Al principio no comprendieron la pregunta –«¿Tener por padres a dos hombres, o a dos mujeres?»–, pero, aclarada la cuestión, su opinión fue unánime: ¡hubieran deseado tener por padres a un hombre y a una mujer, no a dos personas del mismo sexo!

    Eso es lo que piensan los niños. ¿Y qué opinan los expertos? «Un núcleo familiar con dos padres o dos madres, o con un padre o una madre de sexo distinto al correspondiente a su rol (un hombre haciendo el papel de mujer o una mujer haciendo el papel de varón) es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño» (Asociación Española de Pediatría).

    Resumiendo, y con todos mis respetos para estos colectivos: las parejas homosexuales ni son matrimonio, ni deben recibir en adopción el bien más precioso de nuestra sociedad: los niños. Porque, aunque es cierto que para educar hace falta amor, lo que concedemos que tales parejas podrían ofrecer, hacen falta muchas más cosas que ellas no están en condiciones de poder ofrecer.

    «El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación» (Declaración Universal de los Derechos del Niño).
  •  
    < Anterior   Siguiente >