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Desobediencia civil ABC 20 junio 2005 Por Juan Manuel DE PRADA/
El ejercicio de la desobediencia civil exige, ante todo, espíritu cívico. Al desobediente no puede moverlo un interés personal o corporativo, sino la convicción de que su comportamiento deparará un bien a la sociedad. Asimismo, el ejercicio de la desobediencia civil habrá de tener un valor de ejemplaridad pública, de tal modo que, al negarse a aplicar o cumplir una ley injusta, su decisión contribuya a convencer al resto de ciudadanos de la justicia de su pretensión. Por supuesto, dicha desobediencia ha de ejercerse pacíficamente y en coherencia con los principios que inspiran el orden democrático, pues su propósito no es socavar sus cimientos, sino promover la reforma de aquellos aspectos de la legislación que lesionan el bien social. Para Gandhi, la desobediencia civil no era tan sólo un deber moral, sino un derecho intrínseco del ciudadano, que no podía renunciar a él sin dejar de ser hombre. Quienes la han predicado y practicado -y a los nombres ya citados de Thoreau y Gandhi podríamos añadir los de Tolstoi o Martin Luther King-, consideraban que el fundamento último de la desobediencia civil era la existencia de unos principios de Derecho natural, anteriores a la ley positiva, que son intuitivamente identificables por la conciencia. La desobediencia civil no debe entenderse, pues, como un mero desacato a la autoridad, sino como una oposición concreta a la ley injusta promulgada por la autoridad. Una ley es injusta cuando no es congruente con los principios inspiradores del ordenamiento jurídico. Así, por ejemplo, si la Declaración Universal de los Derechos del Niño establece que, para todos aquellos asuntos que afecten a la infancia, se legislará en beneficio de ésta, una ley que prive a los niños de una filiación completa, determinada por la dualidad de sexos, se habrá de reputar injusta. Por supuesto, el desobediente civil debe estar dispuesto a aceptar la pena que la autoridad le imponga por no aplicar esa ley injusta. ¿Habrá en España jueces capaces de acogerse a este derecho para no dejar de ser hombres, dispuestos a ser expulsados al lugar que el Gobierno ha provisto para los espíritus más libres, a la única casa en la que pueden permanecer con honor? |
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