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El expolio educativo Imprimir E-Mail
El expolio educativo Por Juan Manuel de Prada ABC, 25 de julio de 2005 En mi artículo del pasado sábado ensayé una parodia de esa retórica revanchista que, con la coartada de una presunta «recuperación de la memoria histórica» y el auspicio de unos gobernantes irresponsables, ha impregnado el discurso oficial. Con un lenguaje desquiciado que trataba de remedar esa complacencia cainita que exhiben sin pudor tantos turiferarios del Nuevo Régimen, sostenía en aquel artículo, entre otras lindezas, que no se puede ser buen escritor y de derechas, o que durante la Guerra Civil sólo se perpetraron crímenes en el bando franquista. Al parecer, la parodia resultaba tan verosímil que algunos lectores se han sentido ofendidos, quizá porque los disparates que yo ensartaba en aquel artículo son la bazofia con que se nutre «intelectualmente» una porción nada exigua de la izquierda española; una bazofia que, por cierto, amenaza con adquirir carta de naturaleza y aun rango de verdad indiscutida. Aunque me lastima que algunos lectores no hayan sabido captar mi sarcasmo, me consuela pensar que aún restan personas dispuestas a sublevarse ante la paparrucha y la tendenciosidad. Sólo me atrevería a recomendarles que no gasten la pólvora en salvas, porque en los próximos años tendrán sobradas oportunidades de emplearla contra la apisonadora revisionista que se nos viene encima. Naturalmente, dicha apisonadora empleará métodos mucho más sibilinos que los que yo utilizaba en mi parodia, dirigiéndose muy en especial a las mentes más tiernas, que son las más maleables y las que garantizan el suministro de votos. Un ejemplo palmario de esta estrategia lo hallamos en esa Ley Orgánica de Adoctrinamiento Escolar que el Gobierno se dispone a aplicar de inmediato, para asegurarse la perduración del Nuevo Régimen. Entre las novedades incorporadas por esta Ley de Adoctrinamiento Escolar se cuenta la creación de una nueva asignatura de Formación del Espíritu (Pluri) Nacional, denominada eufemísticamente «Educación para la Ciudadanía» (échense a temblar cuando escuchen el palabro «ciudadanía», con el que se designa a los votantes dóciles y satisfechos en su gregarismo), cuyo cometido primordial o más bien único consistirá en infectar las mentes infantiles con el Ideario del Nuevo Régimen, para que quede grabado a fuego en su disco duro y, en próximas convocatorias electorales, no haya que gastar dinero ni esfuerzos en labores proselitistas. La Constitución consagra que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Pero esta asignatura de Formación del Espíritu (Pluri) Nacional se concibe, precisamente, para conculcar este derecho; el Nuevo Régimen se cree investido de poderes para imponer una «moral pública» a la medida de su conveniencia. ¿O es que algún iluso piensa que el Nuevo Régimen va a respetar, en su afán por construir una España más «decente» y (pluri) sexual, las convicciones morales de los padres? La Ley Orgánica de Adoctrinamiento Escolar, por lo demás, pisotea varios preceptos del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre materia educativa, donde leemos que los centros docentes «incluirán la enseñanza de la religión católica, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales», y también que se adoptarán «las medidas oportunas para que el hecho de recibir o no recibir la enseñanza religiosa no suponga discriminación alguna en la actividad escolar». Y es que el Nuevo Régimen sabe bien que la religión católica es el último bastión que le resta por demoler, para lograr la plena confiscación de nuestras almas. El expolio educativo se ha puesto en marcha. El Nuevo Régimen tiene asegurada la permanencia.
 
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