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La esperanza del existencialista Albert Camus Imprimir E-Mail

“La esperanza del existencialista Albert Camus [buscando la Gracia]”

noticia en La Razón, miercoles 8 de febrero de 2006

 

En enero de 1960, en un desgraciado accidente de tráfico, perdía la vida el Nobel de literatura Albert Camus, autor de obras como «El extranjero» o «La peste». Pero quien murió entonces no fue el Camus mítico de intelectuales revolucionarios y ateos, el literato del absurdo.

 

Moría un buscador incansable de la respuesta definitiva a la cuestión más radical que puede plantearse el hombre y que había formulado con claridad: «La pregunta del siglo XX que desgarra al mundo contemporáneo se ha precisado poco a poco: ¿cómo se puede vivir sin Gracia?».


La editorial Voz de papel publica «El existencialista hastiado», un documento inédito hasta hoy en español que nos da a conocer las conversaciones privadas que, durante los últimos años de su vida, mantuvo el Nobel francés con Howard Mumma, un norteamericano pastor de la Iglesia metodista.

 

El autor, que había descrito en sus obras a los creyentes como seres inmisericordes, representantes de un mundo ajeno y opresor, reconocía, empujado por la fuerza de los hechos y su experiencia, que no encontraba en el mundo respuesta a la pregunta por la razón del mal y del sufrimiento.(...)

 

En los años cincuenta, Mumma atendió los servicios religiosos en la iglesia de París. El literato francés acudía allí para escuchar al organista Marcel Dupré, aunque luego se interesó por la predicación del oficiante. Más de cuarenta años después de la muerte de Camus el nonagenario Mumma ha desvelado el secreto de sus conversaciones: el progresivo acercamiento de Camus a la fe cristiana, al misterio de la Gracia para superar la angustia de la injusticia, del sufrimiento y de la muerte.


Albert Camus nunca se dejó encasillar por moldes fijos: «A menudo leo que soy ateo, oigo hablar de mi ateísmo. Ahora bien, esas palabras no tienen sentido para mí. Yo no creo en Dios y no soy ateo».

 

En este relato encontramos a un Camus que reconoce la injusticia de su éxito literario: «He conseguido hacer mucho dinero porque he sido capaz de articular la desilusión del hombre por el hombre. He tocado algo en el interior de mucha gente, porque identifican en mis obras la angustia y la desesperación. Me dirigí al sinsentido y a la incertidumbre. Esto, más que ninguna otra cosa, es lo que me consterna, ésta es la raíz de mi desesperanza».


El escritor que sabe que ha logrado reflejar un hastío pero no el camino para salir de él, reconoce que el camino de la fe emprendido gracias a su diálogo con Mumma es el que da sentido al anhelo de su corazón:

 

«Soy un hombre exhausto y desilusionado; es imposible vivir sin sentido, pero frente a la desesperación, he encontrado motivos para tener esperanza. Por encima de todo, valoro la vida. Me encuentro en algo así como un peregrinaje; buscando algo que llene el vacío que siento y que nadie más conoce. El público y los lectores de mis novelas, aunque ven ese vacío, no encuentran las respuestas en lo que están leyendo. Estoy buscando algo que el mundo no me da».

 

Camus sintetiza así su itinerario espiritual con un personaje del Evangelio: «Me siento totalmente identificado con Nicodemo, porque no comprendo eso que Jesús le dijo de que tenía que volver a nacer. Pero eso es lo que yo quiero, es a lo que yo quiero comprometer mi vida. ¡Voy a seguir luchando por alcanzar la fe!».

 
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