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Artículo de Manuel Alcántara

Diario SUR 18 junio 2004

 

Mucho cemento

 


EN el argot taurino, siempre gran creador de lenguaje, se dice con desolación que «en la plaza se veía mucho cemento». El sueño de los empresarios coincide con el de los toreros en una sola cosa: las dos partes, las que se juegan la vida y los que se juegan el dinero, aspiran a que todas las localidades estén ocupadas a la sagrada hora de las cinco en punto de la tarde, que ya suele caer a las siete, también en punto. Si todos los incómodos asientos no han sido ocupados por las taurófilas posaderas de sus dueños, el negocio va de culo. Es señal de que los toreros, que sueñan cortijos en sus pases naturales, no han despertado la suficiente expectación y de que los empresarios, que sueñan con ampliar los cortijos que ya tienen, no han sabido sacar a los aficionados de su modorra.

Trasladada la circunstancia taurina a la política, que ya dijo Ortega -don José, no don Domingo- que en España una refleja a la otra, hemos visto como se quedaba el hemiciclo vacío cuando se hacía balance de los primeros cincuenta días del Gobierno de Zapatero. El partido entre España y Grecia hizo que no hubiera nadie en esa media plaza que es el Congreso. Apenas 50 de los 350 escaños que registra el aforo estaban ocupados. Los ausentes brillaron como nunca. Les importaba más ver cómo respondían nuestros futbolistas que oír las respuestas a las preguntas orales de la oposición. A la misma hora se registró un hecho análogo en la Cámara Baja: la ausencia de un diputado de ERC obligó a suspender el debate de una interpelación urgente a Pedro Solbes. No se puede tener el corazón equitativamente repartido: una parte siempre es mayor que la otra.

Se vio mucho cemento en el Congreso, aunque en esta deplorable ocasión lo que se vio fue mucho cuero, como en los anuncios de 'ama dominante'. Se deduce que el cemento abunda también en los rostros de estos señores que escogimos porque no hay más donde elegir. Han preferido presenciar la decepción futbolística a protagonizar la decepcionante política de la que tan abundantemente comen. Los Padres de la Patria son como niños.

 
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