| Juan Pablo II en Suiza |
|
|
| Escrito por Juan Pablo II | |
|
Juan Finalidad del viaje: encontrarme con los jóvenes La finalidad de mi peregrinación apostólica es encontrarme con los jóvenes católicos de Suiza con ocasión de su asamblea nacional. "¡Levántate!" (Lc 7, 14). Verdadera alegría También hoy, jóvenes amigos, podríais formar parte de aquel triste cortejo que avanza por el camino de la aldea de Naím. Eso sucedería si os dejáis llevar de la desesperación, si los espejismos de la sociedad de consumo os seducen y os alejan de la verdadera alegría enredándoos en placeres pasajeros, si la indiferencia y la superficialidad os envuelven, si ante el mal y el sufrimiento dudáis de la presencia de Dios y de su amor a toda persona, si buscáis saciar vuestra sed interior de amor verdadero y puro en el mar de una afectividad desordenada. Ponerse en pie No se trata de simples palabras: es Jesús mismo, el Verbo de Dios encarnado, quien está delante de vosotros. Él es "la luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9), la verdad que nos hace libres (cf. Jn 14, 6), la vida que el Padre nos da en abundancia (cf. Jn 10, 10). El cristianismo no es un simple libro de cultura o una ideología; y ni siquiera es sólo un sistema de valores o de principios, por más elevados que sean. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, el que da sentido y plenitud a la vida del hombre. Pues bien, yo os digo a vosotros, queridos jóvenes: No tengáis miedo de encontraros con Jesús. Más aún, buscadlo en la lectura atenta y disponible de la sagrada Escritura y en la oración personal y comunitaria; buscadlo participando de forma activa en Buscar a Cristo acudiendo a la Confesión buscadlo acudiendo a un sacerdote para el sacramento de la reconciliación; buscadlo en También yo, como vosotros, tuve veinte años. Me gustaba hacer deporte, esquiar, declamar. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos e inquietudes. En aquellos años, ya lejanos, en tiempos en que mi patria se hallaba herida por la guerra y luego por el régimen totalitario, buscaba dar un sentido a mi vida. Lo encontré siguiendo al Señor Jesús. La juventud es el momento en que también tú, querido muchacho, querida muchacha, te preguntas qué vas a hacer con tu existencia, cómo puedes contribuir a hacer que el mundo sea un poco mejor, cómo puedes promover la justicia y construir la paz. Esta es la segunda invitación que te dirijo: "¡Escucha!". No te canses de entrenarte en la difícil disciplina de la escucha. Escucha la voz del Señor, que te habla a través de los acontecimientos de la vida diaria, a través de las alegrías y los sufrimientos que la acompañan, a través de las personas que se encuentran a tu lado, a través de la voz de tu conciencia, sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y de belleza. Y podrás formar una familia, fundada en el matrimonio como pacto de amor entre un hombre y una mujer que se comprometen a una comunión de vida estable y fiel. Podrás afirmar con tu testimonio personal que, a pesar de las dificultades y los obstáculos, se puede vivir en plenitud el matrimonio cristiano como experiencia llena de sentido y como "buena nueva" para todas las familias. Y si Dios te llama, podrás ser sacerdote, religioso o religiosa, entregando con corazón indiviso tu vida a Cristo y a Sí, también tú podrías ser uno de ellos. Sé muy bien que ante esta propuesta titubeas. Pero te digo. ¡No tengas miedo! Dios no se deja vencer en generosidad. Después de casi sesenta años de sacerdocio, me alegra dar aquí, ante todos vosotros, mi testimonio: ¡es muy hermoso poder consumirse hasta el final por la causa del reino de Dios! Ponte en camino: ¡ha llegado el tiempo de la acción! Os quiero hacer una tercera invitación: … "¡Ponte en camino!". No te limites a discutir; no esperes para hacer el bien las ocasiones que tal vez no se presenten nunca. ¡Ha llegado el tiempo de la acción! Queridos jóvenes amigos, sabed que el Papa os ama, os acompaña con su oración diaria, cuenta con vuestra colaboración para el anuncio del Evangelio y os anima con confianza en el camino de la vida cristiana. la Iglesia es misión. También hoy necesita "profetas" capaces de despertar en las comunidades la fe en el Verbo revelador del Dios rico en misericordia (cf. Ef 2, 4). Ha llegado el tiempo de preparar a generaciones jóvenes de apóstoles que no tengan miedo de anunciar el Evangelio. Para todo bautizado es esencial pasar de una fe rutinaria a una fe madura, que se manifieste en opciones personales claras, convencidas y valientes. |
| Siguiente > |
|---|






